El flujo de sangre hacia el corazón y los músculos esqueléticos está regulado por mecanismos tanto intrínsecos como extrínsecos, proporcionando un incremento del flujo sanguíneo cuando los requerimientos metabólicos de estos tejidos aumentan durante el ejercicio.
Los mecanismos de control intrínseco ayudan a mantener el flujo sanguíneo relativamente constante. Pero este puede variar como respuesta a la regulación por la estimulación nerviosa simpática.







